Los distintos barrios de Salé perpetúan los nombres de las familias y etnias que los poblaron a través del tiempo. Esta población es el fruto de siglos de mestizaje entre gente proveniente de diversas regiones y tribus de Marruecos. En Salé se encontraron también muchos inmigrantes andalusíes, tanto judíos como musulmanes, así como numerosas familias originarias del Magreb, tales como los habitantes de la Qalaa de Bani Hammad en Argelia o el clan de Omar Ibn az Zoubair de Qafsa en Túnez, a quien se atribuye la introducción de los cultivos de hortalizas y el conocimiento de sistemas y técnicas de irrigación.
 
Sería arriesgado intentar concretar los orígenes de la población de Salé y de su región más allá del siglo VIII. Algunos autores sitúan el origen de la población primitiva en el asentamiento de los grupos amazigs Bourghouata en este territorio, sometiendo y asimilando una población más antigua compuesta de Jazoula, cuyo nombre evoca el antiguo Gétules. Bourghouata era un conglomerado de tribus que ocupaban la región de Tamesna. Situada entre el río de Bou Regreg y el de Oum er-Rbia, esta basta zona, que acababa de ser sacudida por la rebelión del califato Omeya de Damasco, fue el objeto en el año 740 de un movimiento de predicación herética y sanguinaria, surgida como réplica local a la religión islámica.
 
La nueva religión, iniciada por Saleh Ibn Tarif, contenía prácticas ancestrales de carácter pagano, que se sumaban a algunas creencias y ritos provenientes del judaísmo, cristianismo y mesianismo. El profeta Saleh condujo a su pueblo a abrazar prácticas litúrgicas que contradecían las del Islam; así las oraciones diarias pasaron de cinco a diez, las abluciones se transformaron, el ayuno del mes de Ramadán pasó a ser el mes de Rajab y la oración colectiva del viernes pasó a celebrarse el jueves. Su Corán contenía 80 suras, de las cuales casi todas llevaban el nombre de un profeta (Adán, Job, Jonás, etc.).
 
Los Bourghouata sufrieron múltiples ataques y su herejía estuvo vigente hasta 1059, fecha en la cual los Almorávides los reintegraron al resto de la comunidad, a base de grandes sacrificios.
 
De los Banou Achara, fundadores de la ciudad, y del gran número de las antiguas familias de Salé, nada parece conservarse. La población sufrió una gran devastación durante los largos conflictos que enfrentaron a Idrissidas, Ifrinidas y Almorávides con los herejes Bourghouata. El flujo migratorio continuó a merced de las circunstancias políticas pero también por el efecto de la importante actividad económica y cultural de la ciudad. Es así como se constituyó el núcleo inicial de Salé. La construcción por los Almorávides de la mezquita Achchahba, situada al Este de la ciudad, es reflejo de que durante esta dinastía diversos grupos, sin afinidad con los pobladores originarios, se instalaron en la ciudad. Este hecho se mantuvo durante los reinados posteriores.
 
Los Almohades propiciaron el establecimiento de las tribus Hilaliennes en las llanuras atlánticas cercanas a Salé y el asentamiento de la tribu amazig de Fanzara al Este de la ciudad. Los estrechos vínculos entre Salé y su región favorecieron una complementariedad de intereses, de modo que los slauois pudieron optar a adquirir explotaciones agrícolas en los campos cercanos, al mismo tiempo que las personalidades adineradas de las tribus vecinas pudieron adquirir casas y comercios en la ciudad. La mezcla fue tal que sólo una referencia lejana a las tribus marroquíes o a las familias cherifienses recuerda los orígenes de una parte importante de la población. Los conflictos del período Almohade condujeron a los Fanzara a resguardarse dentro de la ciudad. Más adelante, la tribu Hsaine hizo lo mismo, después de que fuera expulsada de sus tierras por la tribu Zemmour.
 
Si el barrio Zenata existía antes del establecimiento de la dinastía Merinida, los miembros de esta última no pudieron librarse de una tradición dinástica que ordenaba el emplazamiento de construcciones y elementos religiosos en el centro de las ciudades. De esta época data la construcción del oratorio Al Marini y probablemente también el asentamiento de una familia en la ciudad que llevaba el mismo nombre.
 
Pocas familias antiguas subsisten des de la edad media. La mayoría de las grandes familias conocidas en nuestros días se instalaron en la ciudad a partir del siglo XVI. Estas familias se distinguieron por una gran vocación y sabiduría religiosa y por desarrollar actividades vinculadas al maraboutismo, al comercio o al servicio de la Makhzen. Algunas de estas familias son: Haiji, Sbihi, Fennich, Zniber, Harkat, Maaninou, Bensaïd o Aouad.
 
Salé reivindica, así como muchas otras ciudades, su herencia andalusí. Ciertas familias se enorgullecen de estos orígenes lejanos. Si estas huellas son aún visibles en la toponimia de la ciudad y en su patrimonio arquitectónico, tal y como demuestran las puertas del arsenal marítimo, algunas casas de decoración suntuosa y la majestuosa medersa (escuela), algunas familias aún evocan, nostálgicamente, esta pertenencia.
 
Salé recibió olas sucesivas de inmigrantes andalusíes durante mucho tiempo, entre éstos se puede recordar a Beni Khaïroun y a centenares de mozárabes que se instalaron en Salé y Meknés alrededor del año 1125. Cabe preguntarse cuál fue el impacto sobre la ciudad de estos andalusíes o moriscos que se exiliaron de Granada antes de su caída y que se instalaron en su mayoría en la orilla sur del río Bou Regreg.
 
Según Fqih Benali, historiador de Salé, solamente algunas familias andalusíes se establecieron en la ciudad y nos es imposible poder distinguirlas o estudiarlas; los efectos de la coyuntura política del siglo XVII y la gran mezcla de población de distintos orígenes apenas lo permiten. La población de la ciudad continuó creciendo con la llegada de personas provenientes de las tribus cercanas instaladas al norte y al sur de la región, como las tribus Beni Hssan, Amer, Hsaine, Shoul o Chaouia. Poco a poco Salé fue viviendo un gran crecimiento urbano y demográfico, y fueron apareciendo barrios como el de Bab Sebta, Souika o Saff. Los judíos de Salé vivían en ese entonces en el mellah situado en el centro de la medina, poco a poco se fueron trasladando a un nuevo mellah fuera del núcleo principal. Aparentemente, la convivencia entre musulmanes y judíos no había planteado ningún problema hasta el momento en que Moulay Slimane decidió, en el año 1808, instalarlos en el espacio ocupado antaño por el arsenal de Salé, donde se habían construido, con esta finalidad, doscientas casas, veinte tiendas, dos hornos y dos molinos. La iniciativa de separar ambas comunidades respondía a la necesidad urgente del soberano de proteger el papel que los dhimmi habían adquirido en los negocios con el extranjero y, al mismo tiempo, a su voluntad de cambiar el estatuto de estos últimos. Esto explica la construcción de mellahs en Essaouira, Rabat, Tetuán o Salé.
 
La memoria popular en Salé ve aquí el triunfo de los musulmanes, los cuales se vieron sobrepasados por la presencia de judíos entre ellos, cosa que empujó a algunos a servirse de artimañas, profanando un lugar de culto musulmán y acusando a los judíos de este acto imperdonable. Este hecho hizo imposible su convivencia al lado de los musulmanes y explica el motivo de su desplazamiento.
 
El nuevo mellah vino a unirse a los más antiguos, completando así la estructura urbana de Salé; sin contener no obstante uno de los aspectos originales y más característicos de la ciudad: a los barrios residenciales y a las calles reservadas al comercio y la artesanía, se añadía un cinturón de jardines y huertos, como los de Sania o Inane.
 
Como en el resto del país, se disponen de muy pocas referencias sobre la vida y la actividad económica en Salé antes del siglo XIX. Las informaciones relatadas por Fqih Ben Ali y completadas por las entrevistas realizadas en los últimos años pueden aportar una mayor luz a su historia.